La semana pasada, en un intento desesperado por hacer del curso de inglés algo más interesante, decidí buscar la historia de los pendientes. No ha sido nada fácil, la verdad y menos la traducción pero creo que ha quedado decente como para que os pueda contar de donde viene eso de llevar dos colgantitos en los lóbulos de las orejas... ¡¡Espero que os guste!!
Las tachuelas y los colgantes en las orejas han tenido un largo recorrido en las mujeres y los hombres desde la antigüedad.
Los pendientes existen desde hace aproximadamente 5.300 años siendo lo máximo en algunos momentos de la historia del mismo modo que han sido un símbolo de las clases más bajas en otros puntos cronológicos.
Incluso en el cuerpo momificado más antiguo que haya sido encontrado, llevaba un par de pendientes puestos ¿Os lo podéis imaginar?
Esto no es más que una prueba de que los pendientes no siempre han sido un elemento más de la moda, si no que su uso ha tenido cierto significado...
Según la historia, el origen de los pendientes se encuenta en la cultura asiática, en India. Donde las pinturas más antiguas ilustran a personas con grandes aros de oro. Muchos arqueólogos encontraron en Iran imágenes de soldados que, la mayoría, llevaban pendientes.
Sorpendentemente hay multitud de pruebas que indican que los pendientes eran mucho más comunes en los hombres que en las mujeres, por ejemplo, en los marineros: llevaban una pieza en uno de los lóbulos y se decía que simbolizaba que habían dado la vuelta al mundo o habían cruzado el ecuador en sus viajes. También creían que llevar un pendiente de oro (un aro, generalmente) era un ritual de agradecimiento pues en un naufragio el mar los había arrastrado hasta la orilla para que pudiesen sobrevivir.
Los pendientes han estado asociados con la idea de que su portador tenía un buen status social y gozaba de salud; cuando la tumba de Tutankhamun fue descubierta, en ella había un par de pendientes enormes para que disfrutase de ellos en su vida post-mortem. Curioso, ¿no?
Además, las pinturas de las paredes de las tumbas más antiguas, representan a dioses y personas de la realeza, músicos y artistas con pendientes de todas las formas y tallas.
De aquí que las personas de clase baja, esclavos y sirvientes, copiasen la idea de llevar pendientes para simular a los poderosos. Obviamente los materiales para su fabricación dejaban de ser metales y piedras preciosas.
En la antigua Roma, los pendientes, empiezan a ser propios de las mujeres. Es la primera vez que los pendientes empiezan a fabricarse con gemas y piedras preciosas que pudieran encontrar.
En Europa los pendientes se convierten en una moda; una forma de decorar los trajes y adornar los peinados de las mujeres más ricas. De aquí, que los pendientes se convirtiesen en un elemento caro y poco accesible para alguien que no fuese rico.
Poco a poco los pendientes volvieron a convertirse en una moda ''unisex'', tanto los hombres como las mujeres decoraban sus orejas. Tal vez, el hecho de que los hombres volviesen a usarlos viene marcado por Shakespeare y sus aros de oro.
Poco después sufre un pequeño retroceso, llegan los sobreros y los grandes collares acompañados de exuberantes peinados que, sin más, restaron importancia a los pendientes para destacar los tocados y los cuidados cabellos de las mujeres.
Es con la Reina Victoria, la cual se colocaba un par de brillantes pendientes, cuando los pendientes retoman su camino. Es en este momento cuando nace el ''todo vale'' para nuestros lóbulos: los pendientes empiezan a fabricarse con todo tipo de materiales, están en todos los mercados, en los puestos, en las tiendas de ricos y pobres... Todo el mundo lleva pendientes. Es un fenómeno de masas. Incluyendo los piercings (que considero que es un punto y a parte en la historia...)
Actualmente cualquier persona se agujerea las orejas, bien para decorarlas a diario con distintos pendientes enfocados a cada situación de su vida o bien, como una opción para destacar en ocasiones especiales.
Podemos ver a niños con pendientes, chicas con piercings, ancianas con perlas, delincuentes con aros, ricachones con pendientes de madera y coco...
Los pendientes han pasado a formar parte de nuestras vidas, especialmente de las mujeres (justo todo lo contrario a lo que pasaba en el momento en que se crearon...) que desde que nacen y sin elegirlo, suelen pasar por una aguja para que, de mayores, puedan ponerse pendientes.




¿Qué os parece?






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